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CLAUDIA PRÓCULA

Claudia Prócula era oriunda de la Galia Bracata y adquirió la ciudadanía romana, de pleno derecho, al contraer matrimonio con Pilato. Otros autores opinan que estaba relacionada con la poderosa familia Claudia, de la que era descendiente Tiberio. Algunos de sus biógrafos, incluso, la consideran nieta de Cesar Augusto.

Recurriendo, a la fantasía literaria, se dice que Pilato pudo haber trabado relación con Claudia, por vez primera, en el palacio imperial, en una de las reuniones que, con sus cortesanos, organizaba Tiberio; o bien con ocasión de alguna de las frecuentes visitas que, durante el período en que ejerció como abogado, hizo Pilato a Tiberio.

La versión que posee más visos de credibilidad, es la que nos habla de un matrimonio de conveniencia entre Pilato y Claudia.

Ella ya había dejado atrás la juventud (aunque aun pudo darle varios hijos) y él, en cierta forma, aliviaba su viudez y soledad.

También se especula con que, la posible relación familiar de Claudia con la familia imperial, habría encumbrado social y políticamente a Pilato, llevándole a ascender al Orden Ecuestre y, posteriormente, haciendo que se le nombrara Procurador de Judea.

Llegados a este punto, no podemos obviar la versión que de Claudia nos proporciona la vidente Madre Catalina de Emmerich. Según ésta: "... era grande y bella, pero pálida. Tenía un velo que le colgaba hacia atrás, dejando ver sus cabellos, trenzados en torno a la cabeza y sostenidos por una artística horquilla. Lucía pendientes en las finas orejas. Un precioso broche, adherido al pecho, nivelaba la larga túnica que caía hasta los pies, ondulando en majestuosos pliegues."

Claudia acompañó a Pilato, en su viaje y traslado a Palestina, desde los primeros momentos; algo prohibido por la "Lex Oppia", en vigor desde tiempos anteriores a Augusto. Dicha ley perseguía evitar influencias negativas que pudiesen ser ejercidas, por las esposas, sobre los procuradores.

Ya en tiempos de Augusto, se permitió a las esposas de los procuradores acompañar a éstos durante una temporada al año, a fin de que se mantuviesen los vínculos familiares. Con el paso del tiempo, la ley fue siendo obviada, en la práctica y, de manera tácita, dejó de tener vigor.

Algunos autores opinan que, el que Claudia acompañase a su esposo, desde el primer momento del mandato de éste; es una palpable demostración de las influencias cortesanas y familiares de Claudia.

Como resumen de lo anterior, podemos afirmar que Claudia se comportó siempre con gran discreción y jamás intervino en asuntos de estado.

Al parecer, cuando Claudia Procula llegó a Palestina, comenzó a interesarse por la religión hebrea, siguiendo la costumbre de las damas patricias. Pronto oyó hablar de Jesús y quedó interesada en su doctrina, posiblemente atraída por las predicaciones del Bautista. La tradición cuenta que fue el Centurión de Cafarnaum quien le habló, por vez primera, de Jesús y sus Discípulos. E incluso hay quien opina que conoció personalmente a Jesús y charló con Él.

También narran que, horas antes del Prendimiento de Jesús, presintió el hecho. Aquella mañana, a penas llegado el alba, Pilato recibió a los sanedritas, quienes venían a darle cuenta de haber hecho preso a Jesús, visita ésta que, lógicamente, alteró la vida cotidiana del palacio gubernamental.

La Madre Emmerich, en sus Revelaciones, nos dice que Claudia envió un mensaje a su esposo, antes que Jesús abandonara el Litóstrotos (en hebreo gabbata) camino del palacio de Herodes. Le sugirió que fuera cuanto antes a reunirse con ella, pues necesitaba hablarle y, cuando Pilato llegó la encontró afligida y llorosa. Ella entonces le suplicó que no hicieran daño alguno a Jesús y le reveló las visiones que, en sueños, había tenido. Parece ser que, Pilato, en señal de promesa de no condenar a Jesús, entregó un anillo a su esposa.

Pero, poco duró tranquilo el ánimo de Prócula, pues, en breve espacio de tiempo, la comitiva regresó del palacio de Herodes, llevando preso a Jesús y con ellos venía una díscola multitud, que se aprestaba a iniciar, de nuevo, el proceso.

Claudia observó al populacho desde sus aposentos e intuyó que Pilato, en un último intento de liberar a Jesús, mandaría que le diesen azotes. Claudia no pudo contenerse y, tomando una tablilla encerada, envió un mensaje a Pilato y se lo hizo llegar de inmediato, por medio de un esclavo, en unión del anillo que su esposo le había entregado, como señal de que cumpliría su promesa.

El evangelista Mateo, único que relata hechos en los que, aquella mañana, intervino Prócula, es complementado por los textos apócrifos, cuando relatan la respuesta de los sanedritas a Pilato:

"... - ¿No te hemos dicho que es un mago? Sin duda ha enviado un sueño quimérico a tu mujer."

Entonces Pilato tomó el mensaje que su mujer le enviaba y el cual le decía:

"... - Claudia Procula te recuerda lo prometido esta mañana."

Y, acto seguido, Pilato devolvió a su esposa el anillo, como señal de que seguía manteniendo su promesa.

Nada dicen los Evangelios de la reacción que el mensaje de Claudia provocó en Pilato, pero, con toda seguridad, intentó buscar alguna fórmula legal para, sin comprometerse demasiado, cumplir la promesa realizada.

La Madre Emmerich, en sus visiones, relata como tras la flagelación Claudia Procula aun tenía esperanzas de ver liberado a Jesús. Y dice que vio como la esposa del Pretor envió a María un paquete con telas de lino, con las que las santas mujeres enjugaron la sangre y el sudor del Redentor.
También dice la Madre Emmerich, que, en el último interrogatorio probado, antes de dictarse la sentencia, Claudia volvió a enviar un nuevo mensaje a Pilato, al que el Procurador repuso vagamente y con visos de superstición, que la citada M. Emmerich dice no poder recordar. Es de señalar que, en este hecho singular, coinciden la M. Emmerich y el texto apócrifo conocido como El Evangelio de Nicodemo.

Añade la vidente que los enemigos de Jesús tuvieron conocimiento de las gestiones, en favor del Redentor, que estaba llevando a cabo Claudia; y difundieron el rumor, según el cual, los seguidores de Jesús habían atraído a la esposa de Pilato y que, si era liberado, se uniría a los romanos, para exterminar al pueblo judío.

También dice la Madre Emmerich, que, mientras Pilato firmaba la sentencia de crucifixión, su esposa Claudia, dolida y despechada, devolvió el anillo a Pilato y abandonó el pretorio, en busca de los amigos de Jesús. Y también que Claudia se ocultó en un sótano, en casa de Lázaro, en Jerusalén.
Tanto los textos apócrifos como la leyenda y tradición cristianas, afirman que Claudia se convirtió al cristianismo, así, por ejemplo, lo manifiestan Salmerón y Fillion y, más tarde, Crisóstomo y Teofilacto.

La M. Emmerich cree que Claudia fue catequizada por San Pablo, llegando a unirle con él una fraterna amistad. Hay quien sustenta esta teoría, apoyándose en un pasaje Paulino, en la segunda epístola a Timoteo, en el que figura el nombre de una tal Claudia.

Por otro lado, Ricciotti afirma que fue discípula de San Pablo y que era una de las integrantes de la diezmada comunidad cristiana de Roma, ya que, cuando podía, visitaba al apóstol, que se encontraba encarcelado y condenado a muerte.

Para finalizar nuestro relato recurrimos, una vez más, a la fantasía literaria de Franzero; quien nos narra una curiosa anécdota, según la cual, Pilato hubo de comparecer ante una comisión mixta de senadores, para dar cuenta de sus acciones administrativas en Palestina. En el aquella ocasión su esposa Claudia le sugirió, mientras se vestía, que se colocase bajo la túnica un trozo de tela roja. Al preguntar Pilato el por qué de tal anomalía, Claudia le repuso:

"... Pertenece a la túnica de aquel Jesús que fue Crucificado. Se lo compré al Centurión, después de morir el profeta. "

Otra leyenda recoge que: Cuando Pilato fue desterrado, su esposa no le acompañó, posiblemente porque las autoridades romanas o el mismo Emperador se lo habían impedido, Sigue diciendo el relato que Claudia permaneció en Roma y cultivó la amistad de San Pablo. Acerca de la conversión de Claudia Procula al cristianismo, existe un tratamiento de simpatía y afecto, durante el medievo.
Es singular el hecho de su consagración como santa, por las iglesias cismáticas griega y etíope. y en el Menologio griego, se fija su fiesta el día 27 de Octubre.


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