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REPORTAJE
Juan Manuel Labrador Jiménez
MARÍA SANTÍSIMA DE REGLA: 400 AÑOS CON SEVILLA

Mes de septiembre, un mes que podemos concebirlo como un segundo mes mariano después de mayo, pues el día 8 de septiembre la Iglesia conmemora la Natividad de la Virgen María, y por eso, ese mismo día, a orillas del Mediterráneo en la playa de Chipiona, la Virgen de Regla decide visitar a sus hijos, y mostrarles la alegría que se encierra en su sonrisa.

En Sevilla, la Virgen de Regla visita a sus hijos en la noche del Miércoles Santo, portando en sus manos una espiga de trigo (debido a la vinculación que mantiene su Hermandad con el gremio de los panaderos) y un pañuelo para secar sus lágrimas, unas lágrimas de tristeza debido a que su Hijo, Dios Nuestro Señor, ha sido prendido en el huerto de los olivos, en Getsemaní, porque le ha traicionado Judas Iscariote.

Pero la Virgen de Regla deseaba poder salir algún día a las calles sin portar un pañuelo, y poder desclavar de su pecho el angustiado y doloroso puñal, y así fue el pasado 30 de septiembre, porque la Virgen estaba alegre, y no triste. La Virgen sonreía, estaba contenta porque celebraba los 400 años de la fundación de la Hermandad que en torno a Ella se reúne.

Comenzó a salir la procesión a las siete de la tarde desde la capilla de San Andrés, una procesión en la que acompañaban a la Virgen distintas Hermandades amigas (Juncal, Araceli, Santa Marta, Silencio, Santo Entierro y las del Miércoles Santo) que querían compartir con la Señora tan especial aniversario. Y a las siete y media de la tarde, cruzaba el dintel de la puerta de la Virgen de Regla bajo su palio, y la luz del sol iluminaba su rostro. ¡Cuántos años hacía que la Virgen salía a la calle cuando ya era noche cerrada, y el sol se ocultaba entristecido por no poder iluminar con su fuego la belleza inmaculada de la Virgen de Regla!

Pero nada más salir a la calle, la Señora recibía el primer homenaje, una lluvia de pétalos y una ofrenda floral realizada por la Docta Casa, el Ateneo Hispalense. A continuación, la Virgen se dirigía a la Plaza del Salvador por la calle Cuna (¡por la calle Cuna después de tantos años!), llegando a esta Plaza de tan sevillano arraigo cuando en ésta ya no cabía un alfiler, pasando además el paso de palio por debajo de los clásicos toldos que se instalan para la festividad del Corpus Christi.

Minutos más tarde, cuando el reloj marcaba las nueve de la noche, María Santísima de Regla llegaba al Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla, donde fue recibida por la Corporación Municipal encabezada por el Alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, quien tuvo el honor de depositar a las plantas de tan ilustre Señora esa ofrenda floral que le hacía toda Sevilla, esa Sevilla con la que lleva conviviendo la Virgen de Regla 400 años. Seguidamente sonó el llamador, y bajo las trabajaderas se sentía la ausencia de un costalero que se iba a retirar en esta procesión, y que tristemente fue llamado por el Padre la semana anterior. La Virgen se elevaba al Cielo, desde el balcón de la casa de los sevillanos llovían pétalos a borbotones, y la Señora, que fue vuelta al público en la Plaza Nueva, se dirigía, como si de un Miércoles Santo se tratase, a la calle Tetuán, para desembocar en esa Plaza de la Campana que hace suya cada vez que pasa por ella.

María Santísima de Regla se adentraba en las calles de su feligresía, saludó a muchos vecinos que no puede saludar cuando sale el Miércoles Santo..., pero el tiempo, que jamás se detiene en su avance, provocó que el reloj indicase la hora para entrar, y no volver a salir hasta que no llegue la Semana Santa. Era la una menos cuarto, y la Virgen de Regla se despedía hasta el mes de marzo, en el que volverá a recorrer las calles de esta Sevilla Mariana que está enamorada de la Virgen Panadera, y entonces llegará la Señora a la Santa Iglesia Catedral para proclamar una vez más, que Ella y sólo Ella es la Regla de los cánones sevillanos, y la verdadera Regla de Amor de nuestras vidas.

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