I. El 7 de noviembre de 1750
Era la tarde del día 7 de noviembre del año del Señor de 1750. Era el mismo día en el que la Virgen de la Servilleta fue trasladada desde el refectorio al altar mayor del Convento de Capuchinos. Era el año en el que a la Giralda, verdadero y único símbolo inmortal de esta Sevilla tan universal, histórica y mariana, le fue colocada, en cada una de sus esquinas, por encima del cuerpo de campanas, esas cuatro grandes jarras de azucenas. Pero ¿qué fue lo que ocurrió concretamente el día anteriormente referido? Pues fue el día en el que falleció, en esta misma ciudad y después de haber vivido 88 años, un hombre bueno que presintió que el día de su muerte sería el de la festividad del Patrocinio de la Virgen, y como acabáis de escuchar de mis labios, ese hombre bueno no se equivocó, murió el 7 de noviembre, día del Patrocinio de María. Ese hombre era además aristócrata de cuna, Fraile que a sí mismo se consideraba el último y además el peor de los religiosos, al que también le fueron ofrecidas cátedras que siempre rechazaba. Era un hombre que en su celda sólo tenía un crucifijo, una dura tarima, la mesa, los utensilios necesarios para poder escribir y un cuadro de la Virgen María, pero no era un cuadro cualquiera de la Virgen, era un cuadro en el que Ella aparecía en los prados, cuidando celosamente de un rebaño de corderos cristianos, es decir, un cuadro donde María aparecía como Divina y Excelsa Pastora de nuestras Almas y nuestras Vidas. Sí, queridos hermanos unidos todos nosotros por el amor a la Virgen Pastora, sabéis muy de quien hablo, os hablo de ese hombre al que en el coro bajo del Convento de Capuchinos se le apareció la Virgen María como Divina Pastora de los Cielos y de la Tierra, ese hombre que desde ese mismo instante de la Aparición de la Pastora el día 24 de junio del año 1703, difundió por todo el mundo su devoción. Ese hombre fue bautizado con el nombre de Vicente Gregorio, y a los 18 años de edad, cuando ingresa en la Orden Capuchina toma el nombre de Fray Isidoro de Sevilla. Fue ese hombre también quien, seguramente, más se enamoró de la Virgen María, lo cual pudo provocar que hoy Sevilla sea Ciudad Mariana, cierto es que fue a mediados del siglo XX cuando la Hermandad de San Bernardo, a la que se le unieron todas las Hermandades de Sevilla, propuso al Ayuntamiento la inclusión de dicho título. Pero yo me pregunto, ¿si Fray Isidoro de Sevilla no hubiera tenido nada que ver en esta ciudad, o si simplemente no hubiese nacido, sería hoy Sevilla, aparte de Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica e Invicta, una Ciudad Mariana? Permitidle a este pregonero al comienzo de esta, más que una disertación, verdadera Oración de Amor y Devoción a nuestra Dulcísima y Santísima Madre, Pastora y Virgen María, pronuncie, para comenzar, las que fueron las últimas palabras del libro titulado "La Pastora Coronada" y escrito por el mismo Fray Isidoro de Sevilla:
"Allí, comunícame tu luz; allí, asísteme con tu resplandor; allí, favoréceme con tu claridad, para que saliendo bien de aquel lance, por los siglos de los siglos con perfección te ame, y amándote, te glorifique".
Pero Fray Isidoro, aunque hayan pasado ya tantos años desde que escribiste este libro, déjame, después de tres siglos, que yo le añada:
Pues a Ti, Madre Pastora,
toda Sevilla te ama,
y así siempre lo proclama.
Ardiente Sol de la aurora,
Pura y Celestial Señora,
Símbolo de la Ilusión,
qué grande es la devoción
que a Ti Sevilla te tiene,
ese amor que ya retiene
en su limpio corazón.
II. Saludo
DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS
REVERENDO FRAY JOAQUÍN PACHECO GALÁN,
SR. HERMANO MAYOR Y JUNTA DE GOBIERNO,
SR. PRESIDENTE Y JUNTA DIRECTIVA DEL GRUPO JOVEN,
QUERIDOS MIEMBROS DE MI HDAD. DE LA DIVINA PASTORA DE TRIANA,
SEÑORAS Y SEÑORES.
Viene, hasta este atril, un joven pregonero pastoreño para hablar de amores, sentimientos y vivencias en presencia de esta Divina Pastora, ante la que se arrodilló en su día Fray Isidoro de Sevilla; ante la cual oró Felipe V y toda su familia; ante la que pregonó las Glorias benditas de María un gran poeta sevillano como es Joaquín Caro Romero, quien dijo que "El sol de Santa Marina / se está vistiendo de gala / por esta hermosa Zagala / tan tierna y tan peregrina". Y hoy, todos nosotros, a Ella le seguimos pidiendo clemencia después de tantos atardeceres vividos.
Todo empezó una tranquila pero fría tarde de domingo, cuando el mundo Cristiano vivía de nuevo, otro año más, la víspera del tiempo cuaresmal. Fue, repito, una tranquila tarde de domingo, en la cual, quien ahora os habla, recibía una llamada muy especial, pues quien le llamaba era Francisco Javier Segura, Secretario del Grupo Joven de esta Hermandad, y le llamaba para proponerle que pronunciara este Pregón, y después de estar pensando si aceptar el honroso encargo, recibió de nuevo esa misma llamada, a la que respondió que aceptaba. Hoy espera este pregonero pastoreño de Triana no defraudar a nuestro querido Álvaro Martín, a quien le agradezco, a parte de esa confianza depositada en mí hace más de cuatro meses, la presentación de mi persona. Gracias queridos jóvenes de esta antigua corporación, por depositar en mí vuestra confianza, no os defraudaré.
|