El pasado sábado 23 de junio tuvo lugar en la capilla de la Divina Pastora y Santa Marina de la calle Amparo el Pregón de la Juventud de la Divina Pastora, a cargo de Juan Manuel Labrador Jiménez, Presidente del Grupo Joven de la Hermandad de la Divina Pastora de Santa Ana, buena persona y buen cofrade sevillano. Le dije hace ya algún tiempo a Juan Manuel que me agradaría trazar una breve semblanza de su pieza oratoria en esta página de Mundo Cofrade en la que él asiduamente participa, divulgando con extraordinario cariño diversos aspectos de nuestras Hermandades en Internet. Lo hice porque no tengo inconveniente en confesar que a raíz de mi pregón de las Glorias del año 2001 he desarrollado un gran afecto por Juan Manuel, y que me sentí halagado por su crónica de mi pregón, escrita a golpe de cariño y rematada por una décima que me emocionó. También lo hice porque he conocido desgraciadamente a muchas personas que escatiman no ya el elogio, sino el simple cariño, la amabilidad y la deferencia, celosos de que el prójimo empañe su protagonismo, de manera que la generosidad tiene siempre para mí el valor de un regalo, sintiéndome siempre deudor de quienes de forma desinteresada me brindan su lealtad y su afecto. Vaya por adelantado que no puedo ni quiero realizar una "crítica" del Pregón de Juan Manuel, término que he sustituido por el más sencillo de "semblanza". Limitaciones y defectos tienen todas las obras humanas, y el Pregón de Juan Manuel no se sustrae a esta realidad. Pero yo prefiero ponderar los indudables méritos y la brillantez en la ejecución de su Pregón.
Juan Manuel Labrador fue presentado por Álvaro Martín, Presidente del Grupo Joven de la Hermandad de la Divina Pastora y Santa Marina e hijo de Don Andrés Martín, Hermano Mayor de esta Corporación a la que tanta gratitud debo por su apoyo a mi reciente Pregón de las Glorias y por el regalo de las bellísimas pastas que albergaron su texto. Tras las palabras de Alvaro, Juan Manuel Labrador pronunció un bello y equilibrado pregón, en el que dio un repaso a la devoción pastoreña hispalense. Comenzó destacando la satisfacción que sentía al pronunciar el pregón ante la señera imagen de la Divina Pastora de Santa Marina, que presidiera hace ya algunos años el Pregón de las Glorias del gran poeta e inolvidable pregonero de la Semana Santa Don Joaquín Caro. Continuó con la evocación de los orígenes hispalenses de la devoción pastoreña, recordando en un hermoso texto en prosa la figura de Fray Isidoro de Sevilla, constantemente presente en su Pregón, y culminando su introducción con una hermosa décima:
Pues a Ti, Madre Pastora,
toda Sevilla te ama,
y así siempre te proclama.
Ardiente sol de la aurora,
Pura y Celestial Señora,
Símbolo de la Ilusión,
qué grande es la devoción
que a Ti Sevilla te tiene,
ese amor que ya retiene
en su límpio corazón.
Conjugó posteriormente con armonía la prosa y el verso en un pregón lleno de cariño, en el que dedicó versos a la Divina Pastora de Capuchinos, a la de Santa Marina (hermosa y celestial anfitriona del sencillo acto en su majestuoso retablo recientemente bendecido para gloria del marianismo hispalense) y, cómo no, a la Divina Pastora de Santa Ana. Especialmente hermosas fueron sus palabras y sus versos sobre el valor y la importancia de la juventud, en general, en el seno de las Hermandades y Cofradías, aunque por razones elementales de su filiación pastoreña trianera destacaría la evocación del movimiento de reorganización de su Hermandad, de la mano de un grupo de jóvenes entre los cuales citó a algunos, como los actualmente profesores de la Universidad Hispalense Martín Serrano y Alfonso de Julios Campuzano, que tengo la fortuna de conocer y que me honran con su amistad. También dedicó sentidas palabras de afecto y gratitud a Don Manuel Tello, Hermano Mayor de su Hermandad pastoreña trianera, emocionado asistente a su pregón. Más allá de la natural diversidad de las advocaciones, realizó una interesante reflexión sobre la necesidad de hermanamiento y unión entre las Hermandades, concluyendo que "en Sevilla tan sólo hay una cofradía pastoreña, pues los problemas y los asuntos de una, lo son también de las otras".
He sido durante estos meses testigo de la ilusión y del empeño puestos por Juan Manuel en la gestación de su pregón mariano, y no puedo menos que felicitarle por su resultado y por su ejecución, que sinceramente me sorprendió muy gratamente. Juan Manuel Labrador pronunció, en fin, un hermoso y emocionante pregón. Ya dije al principio que puede tener algunos defectos, que en este caso quedan paliados por la juventud de su autor y además ¿qué pregón no los tiene? Quisiera concluir esta breve semblanza del pregón de Juan Manuel a la recíproca, con una décima que aúne sus devociones trianeras, respondiendo a la amabilidad y cariño que me ha dispensado desde que nos conocemos, y deseándole los mayores éxitos en un futuro no muy lejano:
Cada madrugada sueñas
cuando amanece la aurora
que la Esperanza es Pastora
y sus anclas pastoreñas.
Siempre hay dos caras risueñas
al abrirse tu ventana:
la Virgen de Santa Ana
cruza contigo de acera
para ser en primavera
Esperanza de Triana.
Enrique Barrero Rodríguez
Pregonero de las Glorias
Marianas de Sevilla 2001
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