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| EL PERSONAJE |
MANUEL PEDRO, UN IMAGINERO VOCACIONAL |
Manuel Pedro es un sevillano de veintidós años que, desde su más tierna infancia, decidió realizarse como imaginero, campo éste que le atrajo sobremanera desde siempre y para el cual se ha preparado a conciencia, estudiando la carrera de Bellas Artes. En sus motivaciones artístico.culturales se aprecia un deseo de ser como los "hombres del Renacimiento" y para ello nutre su espíritu con actividades de muy diversa índole, como son, por ejemplo, leer vidas de santos o escuchar música barroca; algo que, a su enteder, puede llevarle, algún día, a realizar su "obra perfecta".
Cuando se le interroga acerca de las diferencias que encuentra entre la imagen y la imaginería y la escultura, el joven artista manifiesta "... Existe un error dentro del gremio de la imaginería, como es creerse imaginero pero no escultor. Para mi la imaginería participa de todos los conceptos de la escultura; ritmo, composición, estudio de la anatomía, etc. Al margen de esto tiene una misión muy definida (se refiere a la imaginería) como es la de catequizar mediante la imagen. Esa es la principal función del escultor de imaginería, como me gusta llamar a la persona que talla una imagen..."
En cuanto a los referentes artísticos que él toma como modelo, a la hora de realizar su obra, este joven imaginero responde "... Martínez Montañés es para mi lo máximo, tras él sitúo a Juan de Mesa y luego a todos los demás, aunque de los actuales no me llama la atención ninguno. Para mi, de la época actual, el último que existió es Sebastián Santos Rojas..."
Con referencia a si se están perdiendo grandes obras, por el deseo de renovación existente en nuestros días, Manuel Pedro manifiesta "... pienso que en Sevilla hay mucho que sustituir, aunque no se pueden hacer las cosas de la noche a la mañana, porque una imagen mueve a mucha gente e inspira a la devoción, por lo que se puede hacer daño con estas sustituciones. Creo que se están haciendo cosas muy buenas y otras no tanto, por lo que considero que debería existir una especie de "comité de calidad artística", que velara por estos cambios; se ha perdido el criterio artístico y tendría que haber alguien que velara por esto..."
Preguntado acerca de los requisitos que debe reunir una imagen, para inspirar devoción, el joven imaginero (y escultor) manifiesta "... Debe mover el corazón del que la mira, no sólo "ser guapa" sino "tener gancho"; es lo que Hernández Díaz definía como "unción sagrada"; debe ser un hombre o mujer que representa al Hijo de Dios o a la Virgen. Esto es algo muy difícil de alcanzar y para lo que hace falta tener mucha fe..."
Como es lógico, se hace necesaria la pregunta acerca de su "sueño" en el sentido de realizar una imagen para nuestra Semana Santa sevillana, a lo que Manuel Pedro contesta "... me gustaría un gran "misterio", una Dolorosa o un Crucificado, aunque ahora mismo me atrae mucho lo íntimo y realizar un retablo para un convento es algo que me gustaría mucho. Me encanta entrar en un claustro o iglesia y recrearme en ellos..."
En referencia al panorama que se presenta para quienes, como él mismo, están "empezando" en el difícil campo de la imaginería, el joven escultor (e imaginero, claro) afirma "... Lo veo muy mal. Hay mucha gente que está "subida al candelero" y que no dejan sitio a los que queremos llegar; para muchas hermandades sólo cuenta la firma. En la actualidad el arte está en crisis y no se sabe que camino va a seguir. El arte es el reflejo de la sociedad y ahora mismo vivimos en una sociedad "paganizada", por lo que la imaginería está dando un producto "paganizado"
Finalmente y como es de obligación en este tipo de entrevistas, el escultor debe definirse en un punto concreto, cual es con qué imágenes le gustaría "quedarse", entre las que parecen en nuestra Semana Santa; a lo que Manuel Pedro responde "... Aunque es una decisión difícil, por devoción eligiría a "La Estrella" y el "Cristo del Amor". Desde la óptica de escultor de imagen como obra más perfecta el Cristo de Pasión, de Martínez Montañés..."
Así piensa y siente un joven sevillano que ha decidido (y opinamos que con bastante reflexión) dirigir sus paso por los difíciles caminos de la imaginería religiosa, campo que, en nuestros días, no es nada fácil en nuestros días y, menos aun, en Sevilla, donde las grandes obras de los maestros consagrados, como Martínez Montañés, Juan de Mesa, Pedro Roldán, Francisco Antonio Gijón, Montes de Oca, Ortega Bru o, en la actualidad, Navarro Arteaga, inundan nuestra imaginería procesional. Otro caso es la preferencia que dice sentir por los retablos conventuales donde, al menos en algunos caso, sí podría dejarse llevar por su impronta artística y crear obras para la posteridad.
Esperemos que sus ilusiones no sean frustradas y Sevilla, una vez más, pueda contar con un prestigioso imaginero entre sus hijos. Así sea.
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