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LA OPINIÓN DE...
|Marco Severo|
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LA REUNIÓN DEL ARZOBISPO Y LOS HERMANOS MAYORES NO DIO LOS FRUTOS APETECIDOS.
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Aunque en ciertos círculos cofradieros existe una tendencia clara a minimizar las secuelas del cruce de declaraciones, contra-declaraciones, reuniones (más o menos discretas) y, finalmente, el encuentro del pasado martes, día 13 de Marzo, entre los hermanos mayores y el Arzobispo, en la "casa grande" de las hermandades (o sea, San Gregorio, 26); la realidad es que el ambiente sigue algo enrarecido y las relaciones REALES entre "Palacio" y "el Consejo" (éste como órgano representativo de las hermandades de Penitencia), no son todo lo cordiales que deberían, ya que, por ambas partes existen recelos y no-olvidados agravios.
Se dice y así he podido confirmarlo por mi parte, que la mañana del ya citado martes "y trece", los teléfonos de los hermanos mayores "echaban humo", más por el inusitado uso que se hizo de ellos, que por el contenido de las conversaciones. Se consultaban unos a otros, para ver si, por fin iban a asistir o no al ya mencionado "encuentro"; Se comentaba que Manuel Román iba ha efectuar un discurso "de coco y huevo" y así llegó la (para algunos temida y otros deseada) hora de la reunión, en la que al parecer casi nadie quería estar en las primeras filas de los bancos.
Y dio comienzo la reunión, con un discurso firme y decidido de Román de quien muchos comentaron que no seguía la línea de su antecesor en la Presidencia "del Consejo", ni por el fondo ni por la forma de su alocución. Cuando tomó la palabra el Arzobispo todo era expectación e incógnitas por lo que pudiese decir el prelado, que hizo alusión a su llamamiento a las hermanas, para que recurriesen a "Palacio", en caso de que en sus hermandades no les permitiesen vestir el hábito nazareno. La intervención de los hermanos mayores que lo hicieron fue clara y consecuente con la postura adoptada por cada una de las corporaciones a que representaban allí. Así Manuel Nieto ("El Museo") recordó al Arzobispo sus declaraciones en las que, entre otras cosas, dijo: "... me dan miedo las cofradías...", a lo que Monseñor Amigo, levantándose de su asiento, (dicen que en tono emocionado) repuso "... que le dejaran amar a las cofradías..., que jamás había rechazado la invitación de hermandad alguna..., que podía haber declinado la invitación para asistir a la reunión y, sin embargo, no lo hizo..., que su alusión al miedo fue del todo coloquial y que su expresión se correspondía a la de un padre enojado cuando advierte a su hijo que "lo va a tirar por la ventana"... y, aunque algunas fuentes manifiestan que, en ese momento, las palabras del prelado fueron acogidas con una gran ovación, otros de los presentes aseguran que, si bien algunos hermanos mayores "aplaudieron a rabiar", otros, en cambio, no lo hicieron en absoluto y, por la expresión de sus rostros, no parecían muy inclinados a ello.
Cuando finalizó el acto y comenzaron a pasar las bandejas de pescado frito, el Arzobispo hizo lo imposible por departir con todos y cada uno de los grupos, e incluso hay que afirma que Manuel Román se las vio y deseó para llevar hasta la cercanía del prelado a más de un hermano mayor, que seguía en desacuerdo con las tesis de monseñor.
La realidad es que el Arzobispo dejó patente que reconoce lo complicado que resulta el asunto de "las nazarenas"; pero también que se mantiene firme en instar a las hermanas descontentas a que recurran a "Palacio"; algo que, según algunas fuentes, es una contradicción en sí misma y no fácil de entender.
Personalmente, opino que este asunto (no sólo la cuestión de "las nazarenas") sino "el todo" de una serie de "desencuentros" que ya vienen de lejos en el tiempo, no favorece a nadie y menos aun a las hermandades, en algunas de las cuales se ha creado un "abismo" entre hermanas y hermanos, respirándose un serio ambiente de desunión e, incluso, enfrentamientos.
Posiblemente, si estos problemas hubiesen surgido en otra ciudad, que no fuese Sevilla, la trascendencia de los mismos no sería tanta, ni las relaciones entre la Iglesia y las hermandades se hubiesen deteriorado en el mismo grado; pero aquí, donde la Semana Santa (y las hermandades que la hacen posible) tiene tan profundo arraigo, de todo tipo; sería deseable, de una vez por todas, que se tomase "la sartén por el mango" y quedase muy, pero que muy claro, si las hermandades son soberanas en sus decisiones capitulares o no. Sevilla entera agradecería que las aguas volviesen a su cauce y cuando se hable de Semana Santa sea para comentar otro tipo de noticias, menos polémicas y gratificantes.
Así sea.
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