DOS LIRIOS
|
La Piedad y Caridad,
Señoras del Baratillo
La Piedad es toda pena
por el dolor de su Hijo.
La Caridad es dulzura,
y tiene un llanto tranquilo.
La Piedad lleva en el pecho
una daga de dos filos.
Caridad, en las mejillas
cinco gotas de rocío.
La Piedad lleva en las sienes
porrazos de cien martillos.
La Caridad, en sus manos,
la granazón de los trigos.
La Piedad tiene los ojos
morados por el martirio.
Caridad lleva en sus dedos
la blancura de los lirios.
La Piedad lleva en la falda
la sangre del sacrificio.
Caridad lleva la Gloria
en un pañuelo de lino.
La Piedad tiene una pena
de huracanes de martirio.
Caridad es como brisa
de azahares florecidos.
La Piedad lleva los dedos
atravesados de espino.
Caridad lleva en la cara
la gracia de los jacintos.
La Piedad es catarata.
Caridad lago tranquilo.
La Piedad es toda pena
con un Calvario de cirios;
con Calle de la Amargura;
con el corazón partido;
con espina de los cardos;
con lanzazo de Longinos;
con esponja con vinagre;
risotadas de judíos;
con traición en una noche
bajo una sombra de olivos;
con Cruz del más tosco leño
sobre los hombros del Hijo...
La Piedad tiene una pena
como nadie la ha tenido.
Caridad, Resurrección,
agüita de arroyo limpio,
plumita de Serafines,
pétalo de blanco lirio,
nieve de las altas cumbres,
rosal de abril florecido,
llanito de primavera,
día de mayo claro y limpio,
brisa del amanecer,
transparente agua de río...
Piedad es todo dolor.
Caridad el Cielo mismo.
Una azahar, la otra espina;
una llanto, otra rocío;
una dolor, la otra Gloria;
una sangre, la otra lino;
una huracán, la otra brisa;
una cardo, otra jacinto...
Pero son lirios las dos
con los pétalos caídos,
una es un lirio morado,
la otra es un blanco lirio,
y las dos van siempre juntas
bendiciendo al Baratillo.
|
Como ha podido apreciarse es esta una composición típicamente englobable dentro de lo más conocido de la producción del poeta baratillero. En un romance (la fórmula quizás más brillantemente explotada por Quintero), aprovecha para exaltar los puertos más firmes de su religiosidad popular: las Vírgenes de la Piedad y de la Caridad, Titulares de la Hermandad del Baratillo. Pero aparte de otros sentimentalismos, pueden ser anotados en el haber de su creador los aciertos: la gran expresividad emotiva contenida en estos versos, inherente a su naturaleza declamatoria, y la plasticidad de la imaginería utilizada. Estos dos rasgos comentados, amén del indudable nivel poético fácilmente perceptible en este y otros ejemplos, hacen que la poesía de Florencio Quintero se distinga de las muestras de otros muchos poetas -más bien simples versificadores-, que durante muchos años se han venido amparando bajo la fácil sombra de la temática semanasantera.
|